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¿Qué acciones puedo tomar para contribuir al cambio climático?

Si hoy ya afrontamos profundas secuelas ambientales derivadas del uso de combustibles fósiles, ¿qué escenario nos espera cuando, en un futuro próximo, seamos 10.000 millones de habitantes en la Tierra? Escasez de reservas

Por todos es sabido que los combustibles fósiles son finitos. Antes o después se agotan. Desde hace años se habla de que nos hallamos en el cénit del petróleo, lo que significa que ya se ha traspasado la tasa máxima de extracción, por lo que la producción será cada vez menor y más cara. Algunos autores señalan que el cénit del gas está al caer, y algo más tarde, a mediados de este siglo, se alcanzará el del carbón.

El Viento como alternativa
Según apunta el informe de la situación mundial de las energías renovables de 2016 (REN21)*, el 76,3 % de la indispensable energía eléctrica se obtiene de fuentes no renovables, y el restante 23,7 %, de energías verdes (de entre las cuales la hidráulica representó el 16,6 %).

La fuerza del viento, capaz de mover un sinfín de turbinas generadoras de ese valioso flujo de electrones, es hoy un puntal dentro de las renovables.

En estos últimos años, la capacidad eólica mundial se ha incrementado muchísimo: si en 2005 era de unos 60 GW, en 2015 superó los 430 GW. Las energías eólica y fotovoltaica representaron en 2015 el 77 % de las nuevas instalaciones de producción de electricidad.

La potencial del Sol
Cada hora el Sol lanza a la Tierra más energía de la necesaria para satisfacer las necesidades de la población mundial durante un año, pero el aprovechamiento que hacemos de ella es mínimo. Hoy, la tecnología más utilizada y extendida para convertir esa riqueza procedente de nuestra estrella en energía (eléctrica o térmica) es la energía solar fotovoltaica, que se obtiene haciendo incidir la radiación solar en un dispositivo semiconductor –la célula fotovoltaica– que convierte la energía lumínica en electricidad.

Pero a pesar del infinito potencial del Sol y de los esfuerzos realizados en los últimos años para promover esta energía limpia, en la actualidad es todavía una fuente minoritaria; en la Unión Europea, por ejemplo, cubre solo el 3,5 % de la demanda eléctrica, una media que puede alcanzar picos de hasta un 7%.

Sin embargo, su aumento es continuo. El pasado año 2016, y según datos del grupo de expertos internacional PVMA (Photo Voltaic Market Alliance), el mundo batió un nuevo récord en cuanto a la instalación de potencia solar fotovoltaica, alcanzando los 75 GW, un 50% más que en 2015. Al frente de ese impulso está China, con 34,2 GW, seguido de Estados Unidos (13 GW), Japón (8,6 GW), Europa (6,5 GW) y la India (5 GW).

También aumentan otras formas de obtener energía capturando el calor que emana del astro rey, tales como la energía solar térmica o la termosolar de concentración. Pero, en líneas generales, su avance es lento; demasiado, si lo que queremos es ir liberándonos de nuestra enorme dependencia de los combustibles fósiles. Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), y siendo optimistas, el Sol podría ser la fuente del 13% de la demanda energética del mundo para el año 2030, lo que de todas maneras representa un gran salto si tenemos en cuenta que hoy abastece tan solo un 2 % del total. ¿Será suficiente? En vista de la demanda, no lo parece.

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